Aquí se busca liberar los remedios de venta libre, es decir antrigripales, antibióticos hasta insulina.
Si se aprueba el proyecto de Ley que permitirá comprar remedios sin receta en centros comerciales, su lista de compras para el supermercado cambiará un poco. La iniciativa que se impulsa desde finales del año pasado ha sido polémica y ha levantado perspicacias sobre su utilidad. Sin embargo, las opiniones están divididas. Aquí el lado económico y el de salud contrastados para que discuta este importante tema en su casa.
Por Javier Foxon
Por muy raro que fuese, cuando se anunciaron los beneficios del la futura ley que permitiría la venta de medicamentos sin receta en cualquier góndola de supermercados, grandes tiendas del retail, estaciones de servicio, entre otras, el personero de gobierno encargado de entregar los detalles fundamentales fue el ministro de Economía Juan Andrés Fontaine y no el ministro de Salud, Jaime Mañalich. De hecho, el mismo Fontaine presentó en octubre pasado el proyecto al Congreso. Uno hubiese esperado que la iniciativa la liderara Mañalich y lo secundara Fontaine, por los posibles riesgos mortales que esta decisión podría acarrear, pero no, el titular de salud sólo lo mencionó en julio de este año entregando su mayor respaldo y asegurando que no pasará nada con el problema de la automedicación en la población de Chile.
La polémica iniciativa actualmente está cocinándose en el gigante legislativo en Valparaíso. Pero para lograr entender de dónde nace hay que agregarle a esta receta económica un ingrediente clave para pensarla: el bullado caso de colusión entre cadenas farmacéuticas (Salcobrand, Farmacias Ahumada y Cruz Verde) en el 2009. El caso aún prosigue y la Fiscalía Nacional Económica no ha establecido responsabilidades, aunque el Tribunal de Libre Competencia rechazó solicitud de nulidad interpuesta por las farmacias sobre colusión.
Este tipo de reprochable e insoportable comportamiento empresarial es uno de los principales argumentos del gobierno de Sebastián Piñera para impulsar esta moción de liberar los medicamentos sin receta que representan el 37% de los remedios que se venden en el país. La idea: facilitar el acceso para los chilenos promedio y bajar sus precios.
Evidentemente las interrogantes afloran, ¿Realmente bajarán los precios si se llegase a aprobar el proyecto de ley? ¿La venta de remedios llevaría a los chilenos hacía una sobre medicación? ¿Habrá una repercusión en la competencia entre farmacias o se coludirán igual? Muchas preguntas dan vueltas, pero aquí no están las respuestas en las indicaciones al reverso. Aquí dos visiones al respecto, la económica y la salud, contrastadas para usted.
SUBE Y BAJA
En la Asociación Gremial de Supermercados de Chile (ASACH) recibieron este proyecto con sonrisas. En su declaración pública del pasado 26 de octubre, estimaron que para los medicamentos de venta directa “se debe modernizar el marco regulatorio existente” y citaron los ejemplos de Estados Unidos, Inglaterra, México, entre otros países que utilizan esta medida. La ASACH planteó que esta nueva ley generaría la ventaja de “una mayor distribución y acceso al público, mayor competitividad y transparencia”, además de “una considerable disminución del precio al consumidor”. Su favoritismo es lógico considerando las nuevas ganancias y mercado que se abriría en sus negocios. Si a alguien quieren ampliarle la casa de manera gratuita, obviamente, que aceptará.
Para encontrar alguna claridad frente a las interrogantes en el caso de que se apruebe el proyecto en la Cámara de Diputados y el Senado, hablamos con la ingeniera comercial y académica de la Universidad de Valparaíso (UV), Leslie Bridshaw, quien fue tajante al aclarar que si los precios suben o no, dependerá netamente de qué tan fuerte los supermercados aborden el tema de los remedios. Para la experta si hacen una bueña campaña este rubro podría cautivar como sea al público. “Al aumentar la oferta… efectivamente se podría generar una primera instancia una guerra de precios, por ende, una baja”. Hasta ahí, un punto a favor –en estrictos términos económicos- para el consumidor.
Georgina Sánchez es la presidenta regional del Colegio de Químicos Farmacéuticos
Sin embargo, la académica de la Escuela de Ingeniería Comercial de la UV detecta un problema que no es menor. “Lo que podría pasar es que si los farmacéuticos perciben una baja en sus utilidades, una disminución en la venta de estos productos de venta libre, lo más probable es que en aquellos productos que no se venden en los supermercados, aquellos remedios con receta, haya un alza de precios”.
Al parecer es un arma de doble filo, de acuerdo al análisis de Bridshaw. La liberalización de los productos puede jugar en contra de los remedios sin receta y el hecho de que el mercado sea oligopólico (pocos oferentes para toda la demanda) da el pie para eso. El cambio de hábito en la compra es inminente. En eso concuerda la académica. “En termino de los consumidores, que éstos consuman mas remedios, creo que en una primera etapa quizás, haya una tendencia de la señora dueña de casa, que compre muchos remedios o revendan en la feria, pero son más bien casos aislados ya que no me atrevería a decir que habrá un mayor consumo”, señala.
AUTOMEDICARSE
La automedicación en los chilenos es una práctica común, pero claramente peligrosa. Para Georgina Sánchez, presidenta regional del Colegio de Químicos Farmacéuticos y profesora de la Universidad de Valparaíso, (ver nota) cuya postura es clara. “Los remedios no deben ser vistos como un bien de consumo sino como un bien esencial para la salud”.
Ella sabe de lo que habla. Su gremio ha sido uno de los fuertes opositores al proyecto en trámite y ha mostrado su repudio. Y es lógico al momento de su elaboración, a los profesionales farmacéuticos, no los tomaron en cuenta. Pese a que son ellos los que en las farmacias ayudan, guían y recomiendan a los pacientes. Pero fueron restringidos de la discusión ni siquiera considerado para tomar un rol activo en un supuesto escenario ya ha aprobado legalmente, ya que en un supermercado, los remedios no estarían detrás de un mesón junto al profesional, sino, en estantes y a la vista de todos.
La razón de los especialistas para oponerse a la liberalización de algunos remedios es simple: temen la sobre medicación en la población. No porque se trate de aspirinas o antigripales serán menos peligrosos, argumentan. De hecho una aspirina puede gatillar hemorragia gástrica, una dipirona inofensiva causar males en la médula ósea y el paracetamol o antigripales podrían afectar al hígado, gestionando diversos grados de Hepatitis. “Que un medicamento no tenga receta no garantiza que sea inocuo”, dice la presidenta del Colegio de Farmacéuticos. Y agrega. “O sea, es menos tóxico y tiene menos riesgo al consumirlo, pero eso no por eso significa que no tenga que haber una indicación farmacéutica de por medio”.
Por otro lado, se sabe que en los supermercados no todo funciona perfecto. Por eso el gremio plantea la duda sobre el óptimo cuidado de los remedios. “Especialmente en el caso de la insulina, que es un medicamento que requiere una conservación en una cadena de frío, ¿quién me va a asegurar a mí que esa insulina tuvo una cadena de frío?”, cuestiona.
“A nosotros nos preocupa la seguridad de las personas”, dice Georgina preocupada y seria. “El chileno no tiene la formación de otros países como para él decir, si es que este medicamento tiene riesgo, incluso en Argentina, la venta directa en supermercados sólo duró 7 años, por este tipo de problemas”, aclara. ¿Estará el chileno preparado? Por ahora no tenemos un diagnóstico completo. LOV



















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